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Puntos suspensivos…
Lo malo del amor cuando termina
son las habitaciones ventiladas,
el puré de reproches con sordina
las golondrinas muertas en la almohada.
Lo malo del después son los despojos
que embalsaman el humo de los sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diastole ni dueño.
Lo mas ingrato es encalar la casa,
remendar los pecados veniales
y condenar a la hoguera los archivos.
Lo atroz de la pasion es cuando pasa,
cuando al punto final de mis finales
no le siguen dos puntos suspensivos.
Joaquín Sabina
Un hombre común
Fui, un niño como todos,
Con el lodo en los zapatos, y la carta a Santa Claus,
Con amigo imaginario, y en los sueños un Dragón,
La esperanza de mis padres, el amor de los abuelos,
Y el deseo de que la noche, me llevara a un día mejor.
Crecí, como creo que crecen todos,
Con Don Gato, Picapiedras, superhéroes y futbol,
Con domingos de mercado, y juguetes de Hong Kong,
Con mi hermano y sus historias, y mi hermana en biberón,
Y un par de horas por la tarde, para corretear al sol.
Tan solo un niño, común.
Que se asombraba cuando empezaba a llover,
Y se levantaba, poco después de caer,
Con preguntas sin respuesta,
Y respuestas que jamás, pudo entender.
Fui, un joven como todos,
Con una novia primera, que de pronto se marchó,
Con top saider sin calceta, pelo largo y rocanrol,
Con mil sueños sin maleta, y una orientadora necia,
Que creyó que yo podría, ser un día administrador.
Crecí, como creo que crecen todos,
Con un libro de Mafalda y el viejo Playa Girón,
Con mil dudas sobre el sexo, y revistas de Playboy,
Sin recuerdos ni pasado, de un primer beso en los labios,
Y el intento malogrado, de un primer verso de amor.
Tan solo un joven común,
Que se asombraba cuando empezaba a llover,
Y se levantaba, poco después de caer,
Con preguntas sin respuesta,
Y respuestas que jamás, pudo entender.
Soy, un hombre como todos,
Con temores y derivas, sobre cada cruel error,
Con canciones muy pequeñas, por mitades de una voz,
Años luz del ingeniero, el doctor o el ciudadano,
Que mi padre en sus empeños, hace tanto imaginó.
Y soy, como creo que somos todos,
Un enfermo sin bandera, enamorado del amor,
Una soledad dispuesta, ante los brazos del perdón,
Un moribundo desolado, que en un rosal se desangró,
Un papalote que en las manos, de una virgen,
Otra vez, se levantó.
Tan solo un hombre común,
Que aún se asombra cuando empieza a llover,
Y que a pesar de haber caído,
Ha decidido levantarse, y al final,
Morir, en pie.
Gran texto de un gran compositor y cantante, mejor conocido como “El Mago”, Abel Velázquez, hoy difunto.
Me gusta todas las canciones del mago pero como muchos me identifico bastante con esta así que decidí postearla.
Solo tipos como yo
Son raras las mujeres ¿no?
Que levante la mano todo aquel que no haya pensado nunca que las mujeres son raras… que no sea mujer, obviamente.
Obviamente, ustedes se ven normales… pero es un fenómeno administrativo, que se le conoce como “in breathing”: es decir, cómo van ustedes a darse cuenta de que son raras… si son las raras!!! para ustedes todo es normal.
En fin, uno de los motivos por el que las mujeres son así de extrañas, es porque son los únicos seres en la faz de la tierra que todavía creen en los cuentos de hadas.
Las mujeres son seres de fe, capaces de transformar cualquier mundo, cualquier universo conocido o por conocer… sobre todo, el mundo de los hombres.
Son capaces de todos los días al despertarse, ver a su lado al hombre que aman, y no al hombre que en realidad somos.
Las mujeres, cuando ven una pared en realidad lo que están viendo son colores y texturas. Los hombres cuando ven una pared solo están viendo ladrillo sobre ladrillo. Las mujeres son capaces de virar el universo en su favor para hacer que incluso el olvido sea una circunstancia difícil aún en el mundo de los desmemoriados.
Y todo esto ocurre, porque la fe es alimentada desde que ellas son niñas, por elementos de corte “extravagante”: ya sea por una profesora hippie, una tía solterona, una vecina incómoda, una hermana mayor rebelde… o la mamá! Quien les dice: “hija mia… no te preocupes, estás bendita y tarde o temprano hasta el umbral de tu ventana llegará y se postrará de rodillas ante ti un principe azul.”
chale! azul???
En fin… finalmente luego de muchas investigaciones, podemos decir que, los principes azules son, a saber por descripción estadística de las mujeres encuestadas, pelados de más de 1.85 de estatura, aunque solo el 30% aceptó que les gustan peludos. De ojos azules o verdes. Cabello castaño claro, y si se lo pintan que sea de rubio natural (aunque si se lo pintan cómo va a ser natural??). Los principes azules son aquellas personas de una educación impecable, de modales intachables y de una cultura amplia. Los principes azules por supuesto deben ser espigados y delgados. Pantalones de cintura 30 y largo 38… de pantalón. Deben ser personas en extremo deportivas, dinámicas, pero por favor: no futbolistas. Deben hacer cosas como esgrima, polo… deportes de verdad! El principe azul es una persona que cuando se exhibe una película basada en un buen libro, este ya leyó el libro, porque considera que el cine con toda su magia no puede alcanzar la velocidad imaginativa que tiene la literatura.
Finalmente es alguien que se puede llevar, perfectamente bien… con su suegra!
Así, muchachas, volteen al lado y digan si lo que traen es un príncipe azul.
Como comprenderán, un hombre así de perfecto no existe. Y si existiera se amaría a si mismo, para qué las quiere a ustedes? aunque… entre ellos… bueno eso no nos importa, ahora sí que, si el amor es parejo!
Toda esta investigación nos arroja como resultados dos cosas: la primera, que los príncipes azules, no existen.
La segunda… si existieran… pues que yo no soy uno de esos…
Y no crean… eso me acongojaba… pues es muy difícil estar enamorado de una mujer que cree en los cuentos de hadas.
Es muy difícil estar enamorado de una mujer, que aspira y merece un hombre perfecto.
Es muy difícil estar enamorado de una mujer que con una mirada cambia cualquier expectativa.
Es muy difícil estar enamorado de una luna lejana, de una estrella, cuando te sabes con los pies puestos sobre la tierra.
Es muy difícil todos los días levantar los ojos para verla y saber que te va a deslumbrar.
Es muy difícil mentirle con canciones incluso… que cuando yo veo ladrillos, trato con todas mis fuerzas de ver sus colores.
Que la fe que no tengo y que ella me regala, es lo que me da fuerzas para presumirme loco a pesar de estar cuerdo.
Para saberme acompañado aún cuando estoy solo.
Y para sentirme profundamente enamorado, y con ganas de vivir muchísimos, muchísimos años.
Solo para que lo tengan claro, hoy más que nunca, debemos tener el pleno conocimiento y convencimiento que los hombres somos una especie que desciende directamente del mono.
Las mujeres: de las estrellas.
Y la mía… más.
Y yo que intento ser, y que no soy… cómo le explico que en el mundo ya no hay de esos… solo tipos como yo.
Texto de Abel Velázquez “El Mago” qepd.
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